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Su nombre es Juana
Cinco meses de embarazo

Juana era una mujer de campo, tan pronto cocinaba torrijas como salía a bailar a la plaza. Cultivaba flores blancas en El Herrán, su huerto, tan conocido como transitado por las vecinas y vecinos del barrio; mientras tarareaba su canción favorita, la que olvidó después de su nombre.

Si algo le gustaba era sentarse a la sombra del cerezo en El Herrán, su huerto, para ver caer las tardes de agosto. Siempre con un par de claveles prendidos al pelo, o eso recuerda la futura madre que un día fue nieta.

Juana se llamaba su abuela, la que tarareaba Doce Cascabeles después de olvidar su nombre, y Juana se llamará su hija.
La pequeña, que un día será grande, aún no conoce el campo, pero ya baila. Se mueve al son del silencio por las noches y vacila por las mañanas temprano con los primeros rayos de sol. Pronto cantará, en El Herrán, su huerto, y podrá cultivar flores blancas y prendérselas al pelo, si ella quiere, como su mamá y como la abuela que le prestó su nombre.